El investigador Jose Miguel González firma ‘La nanocelulosa’, el nuevo libro de la colección ¿Qué sabemos de? (CSIC-Catarata).

La celulosa es dura, pero flexible; fibrosa, pero suave, y muy afín al agua, aunque completamente insoluble en ella. Todas estas cualidades han contribuido a que llevemos miles de años usándola, pero el material más abundante del planeta Tierra también tiene un lado nano con un enorme potencial. “La misma celulosa del algodón o del papel que tantas veces al día utilizamos para diversos fines tiene una organización que alberga pequeñas nanoestructuras con inigualables propiedades físicas y químicas”, explica Jose Miguel González, investigador del CSIC y autor de ‘La nanocelulosa’, un texto que presenta el ejemplo más paradigmático de nanotecnología generada por la propia naturaleza. “Además de fuerte y ligera, la nanocelulosa también es un material renovable, biodegradable y completamente natural. Es un ‘tesoro’ que ha permanecido oculto en las estructuras de las plantas y de otros seres vivos y, gracias a las investigaciones actuales, se está transformando en un recurso muy valioso”, señala el científico del Instituto de Carboquímica (ICB).
Tras hacer un breve recorrido por las bases de la nanociencia y la nanotecnología, el nuevo libro de la colección ¿Qué sabemos de? pone el foco en “la naturaleza como la mayor y la mejor entidad fabricante de nanomateriales”. Para ello utiliza ejemplos como el de las bacterias magnetotácticas, capaces de generar nanopartículas magnéticas en su interior para guiarse por el campo magnético terrestre. A continuación, describe las características de la celulosa y su uso industrial para entrar de lleno en todos los avances nanotecnológicos que está posibilitando la nanocelulosa que deriva de ella: desde ser una herramienta para procesar de manera sostenible otros materiales a solucionar grandes retos en áreas tan importantes como la energía, el medioambiente, el procesado de alimentos o la biomedicina.
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